ALCOHÓLISMO
El alcoholismo y sus efectos
(Literatura 24 Horas)
No es inventar el hilo negro reconocer que en algunas ocasiones, incluso viejos militantes de ALCOHOLICOS ANONIMOS confunden los términos, aunque éstos dentro de la literatura aparecen claros. A la enfermedad del alcoholismo se le conoce por el nombre de su síntoma principal. Es un término genérico con el que se denomina esta misteriosa enfermedad: enfermedad del alma, enfermedad de la personalidad, enfermedad del espíritu.
Efectivamente, el alcoholismo es una de las enfermedades más complejas, crueles e insidiosas que azotan a la humanidad: ENFERMEDAD INCURABLE, PROGRESIVA Y MORTAL.
Alcohólico es aquella persona que ha perdido la habilidad para manejar sus tragos. A finales del año de 1934, el doctor William Silkworth desarrolló la teoría de que el alcohólico padece una verdadera alergia al alcohol, es decir, la acción del alcohol en nosotros, los enfermos alcohólicos, es la manifestación de una alergia; el fenómeno del deseo imperioso de beber alcohol sólo se presenta en nosotros, alcohólicos problema. O sea, ningún enfermo por alcoholismo puede usar sin peligro el alcohol.
El principal síntoma del bebedor problema es que, al hacer contacto con el alcohol, se despierta en él una verdadera compulsión por seguir bebiendo, un deseo imperioso ante el cual se empequeñece la voluntad y se pierde el sentido común.
El alcohólico es un ser desahuciado, condenado irremediablemente a morir por alcoholismo de cualquiera de las formas imaginables y crueles que provoca esta fatal enfermedad y, este desahucio, es el peor de todos los existentes: condena irremisiblemente al alcohólico, pero este enfermo, además, en su caída, en su paulatina degradación, daña a los seres que dice más querer. Impotencia frente al alcohol, frustración y resentimiento son comunes en el mundo íntimo del alcohólico. No es aventurado en tales condiciones afirmar la existencia de una contaminación neurótica que embarga a toda la célula familiar: madres desesperadas, esposas frustradas, hijos resentidos, todo ello constituye el drama cotidiano del enfermo alcohólico.
A pesar de que pueden existir opiniones en contra, y a sabiendas de que nadie es la voz pura de ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, muchos de nosotros establecemos como diferencia entre el bebedor problema y el que no lo es, que: EL BEBEDOR SOCIAL BEBE PARA GUSTAR DEL ALCOHOL Y EL ANEFERMO ALCOHÓLICO BEBE PARA EVADIRSE, enfatizando obviamente que el proceso compulsivo que se desata con la primera copa constituye definitivamente el síntoma más característico de esta enfermedad, es el denominador común más evidente, el famoso “YA ME PIQUÉ” de la jerga del borracho.
